QUEIMAFOBIA

La queimafobia se conoce como el miedo exacerbado e irracional hacia el frío y hacia todo lo que suponga una situación de frío. La ansiedad y los miedos que esta conlleva generalmente aparecen de manera recurrentemente cuando se sabe que el frío incrementará debido a la estación invernal. Como sucede con otros tipos de fobias el miedo se caracteriza no sólo por ser irracional, sino por su intensidad y por su falta de fundamento.

Es un hecho que el frío en extremo puede llegar a ser peligroso, sobre todo si la persona se encuentra afuera y sin abrigo, se encuentra totalmente expuesta a una hipotermia. Es totalmente normal que la gente busque cuidarse del frío y encontrar la mejor manera de hacerle frente. Lo que ya se torna anormal es cuando la persona comienza a desarrollar verdaderos cuadros de ansiedad, con temores exagerados, cuando se presenta la temporada de frío, o bien, cuando se sabe que está por llegar. Se ha encontrado que la raíz del miedo, aquella causante de la fobia, se pudo haber presentado a partir de un evento traumático, la persona con esta fobia pudo haber tenido una experiencia desastrosa en algún acontecimiento donde el frío implacable estuvo presente.

Los síntomas de las diferentes fobias son similares, y están relacionados con los ataques de ansiedad, cuando una persona padece de queimafobia, puede experimentar alguno de los síntomas siguientes cuando se aproxima el invierno o ante la entrada de un frente frío: Dolor de estómago, dolor de cabeza, tensión muscular, sudoración excesiva, irritabilidad, dificultad tanto para concentrarse como para respirar, latidos rápidos del corazón, ganas de salir corriendo y de huir, sensación de estar perdiendo el control, entre otros.

Esta fobia, al igual que muchas otras, puede llegar a interferir con la vida diaria de la persona, quien ante el miedo de enfrentarse al frío, puede ser que comience a ajustar su horario o a negarse por completo a salir de su casa. Para tratar a la queimafobia, se hace uso de la terapia cognitivo-conductual, misma que ha demostrado gran eficacia, donde se hace uso de una terapia de exposición, a través de la cual se desarrolla una terapia de exposición con el objetivo de desensibilizar a la persona frente a la causa directa de su miedo. También se enseñan algunas estrategias para hacerle frente al estrés y consejos sobre controlar la respiración aunado a las diferentes técnicas de relajación.